
Una playa era el punto exacto.
Una playa desconocida sin empresas turísticas que la explotaran.
La hora no importaba, contaban con la noche y con las estrellas de la playa desconocida donde no hay farolas, ni casas, ni focos que las disuelvan.
La noche de pleno sobre ellos, y la arena fría y las olas dándoles en los pies...
Y tanta oscuridad...
Tanta oscuridad como caricias, tanta oscuridad les embrujaba. Envueltos en ella se veían gracias a las líneas plateadas de la luna sobre sus cuerpos. Gracias al reflejo de las estrellas brillando en sus hombros, dibujándoles sobre la arena. Su pelo cortaba la oscuridad en finas hebras de luz de luna...
Y las olas tratan de acercarse a ellos, de contagiarse de esa luz, de rabioso encuentro, de algo que latía en la playa desconocida. Quieren tocarles los pies y lo consiguen.
Ellas no olvidarían nunca el frío de la arena y el frío de su propia espuma, contradiciendo el calor de figuras plateadas en la noche...
Que Eros nos domine, por favor!